por Justin Smith
Buddy Barril es uno de mis primeros recuerdos de la iglesia. Crecí en el hogar de un pastor en la zona rural de Indiana. Mi mamá trabajaba en la tienda de alfombras de mis abuelos, y mi papá era pastor de algunas iglesias pequeñas, al mismo tiempo que trabajaba como oficial de policía y minero de carbón. Mis papás hacían lo que fuera necesario para proveer para la familia, principio que nos transmitieron a mi hermano y a mí. Aunque son muchos los recuerdos de escasez y de «vivir por fe», teníamos valores intransables: amar a Dios, amar a las personas y ayudar siempre que se pueda.
«Buddy Barril», las alcancías amarillas en forma de barril eran una de las herramientas de discipulado que se usaban para enseñar los principios bíblicos de la generosidad y la compasión. Era nuestra ofrenda al Señor: un paso para cumplir el mandato de ir a «todo el mundo» con la misión de anunciar el evangelio.
Aprendimos algunas lecciones que cambiaron nuestra vida con respecto a nuestras finanzas y a cómo debíamos responder a las necesidades que nos rodeaban. He visto cómo estos principios se transmitieron de mis abuelos a mis padres, pasando por mi esposa y por mí, y ahora a nuestros hijos.
1. Obediencia: He llegado a comprender que es mejor ser obediente a lo que el Señor me ha dicho que haga que no obedecer. Esto no se refiere solo a las finanzas, sino a todo. Me encanta la respuesta de Dios a la obediencia, ya sea al honrar a nuestros padres o al ofrendar nuestras finanzas. Malaquías 3:10 (NTV) contiene una de las referencias más detalladas y específicas sobre la obediencia financiera: «Traigan todos los diezmos al depósito del templo, para que haya suficiente comida en mi casa. Si lo hacen—dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales—, les abriré las ventanas de los cielos. ¡Derramaré una bendición tan grande que no tendrán suficiente espacio para guardarla! ¡Inténtenlo! ¡Pónganme a prueba!
Desde la perspectiva de nuestra familia, dar el primer 10 por ciento, el diezmo, de nuestros ingresos al Señor nos ha bendecido más de lo que jamás podríamos pensar o imaginar.
2. Compasión: La compasión de Dios se manifiesta en toda la Biblia. Estoy totalmente a favor de que las personas sean generosas —es esencial para la vida cristiana—, pero me preocupa más que sean compasivas. La historia del samaritano en Lucas 10 nos dice que aquel hombre tuvo compasión por el herido de la historia. La compasión de Dios fluye en
toda la Biblia, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento. La compasión es fundamental en el corazón de Dios y, con frecuencia, se define a través del acto de dar.
3. Cooperación: Coopera con una iglesia local cuando se trate de dar tu diezmo y tus ofrendas. El principio detrás de este principio es que puedes lograr más cuando te unes a otros que cuando haces todo por tu cuenta. La instrucción es llevar tu diezmo al lugar donde recibes el alimento espiritual, pero muchas personas quieren distribuir sus ofrendas como piensan que es mejor. Cuando las iglesias trabajan juntas para distribuir los recursos financieros, se puede lograr más. Asóciate con la iglesia y ayuda a que el evangelio llegue más lejos de lo que jamás podrías pensar o imaginar.
4. Colaboración: Busca organizaciones en tu comunidad, así como iniciativas globales, con las que puedas colaborar. Si el Señor pone algo en tu corazón, debes investigar quién está haciendo una buena labor y establecer una relación con ellos. Establece una colaboración tanto financiera como física; en otras palabras, preséntate para ayudar. En mi puesto actual, estamos trabajando con varias organizaciones que están a punto de lograr un gran avance en su visión. Cuando colaboramos con ellas, eso las ayudó a superar su meta e incluso les abrió nuevas puertas de oportunidad.
5. Reflexión: Reflexiona y decide qué debes hacer, luego hazlo. En 2 Corintios 9:7–8 (NTV) lo leemos de esta manera: «Cada uno debe decidir en su corazón cuánto dar; y no den de mala gana ni bajo presión, “porque Dios ama a la persona que da con alegría”. Y Dios proveerá con generosidad todo lo que necesiten. Entonces siempre tendrán todo lo necesario y habrá bastante de sobra para compartir con otros».
Detengámonos aquí un momento. Creo que este sencillo concepto a menudo se omite cuando se enseña sobre las ofrendas monetarias. La motivación para dar suele surgir cuando alguien es coaccionado por una historia conmovedora o una necesidad. Los publicistas han utilizado este método desde que tengo memoria. Quizás hayas visto los comerciales que muestran rostros tristes, tanto de personas como de animales, con una canción lenta y una voz suave que habla y te pide que des. (Lo siento mucho si lo único que ves en tu mente es un cachorro mirando fijamente a la cámara.)
Pero ¿y si cambiáramos nuestra forma de pensar sobre el propósito de dar? Te animo a que, al comenzar cada año, hagas una pausa y dedica un tiempo para orar sobre lo que quieres hacer con tu ofrenda, ya sea una ofrenda general, que vaya más allá de lo habitual, o algo específico para un proyecto local o misiones globales. El compromiso es una disciplina que a menudo falta en la sociedad actual. Establece una meta para lo que ofrendarás, guárdala en tu corazón, mantén tu compromiso y observa lo que Dios hace en ti y a través de ti. Empieza ahora y experimenta una vida llena de historias y bendiciones que se transmitirán de generación en generación.
Sigue a Uno. Guía a muchos. Sirve a todos.
